Aprender a concentrarse en un mundo lleno de distracciones también es cuidar la salud mental
La dificultad para mantener la concentración se ha convertido en una queja cada vez más habitual en consulta. Notificaciones constantes, multitarea, exceso de información y ritmos acelerados hacen que sostener la atención durante un periodo prolongado resulte cada vez más complicado. Sin embargo, la concentración no es un talento innato que se tiene o no se tiene: es una capacidad que puede entrenarse.
Así lo explica Gloria Calderón, psicóloga clínica de Olympia Quirónsalud, quien señala que "vivimos en un entorno que favorece la dispersión. El problema no es solo la distracción externa, sino la fatiga mental que genera estar permanentemente estimulados".
La concentración se entrena, no aparece por sí sola
Desde la psicología clínica, se entiende la concentración como una habilidad que mejora con la práctica. "Cuanto más acostumbramos a la mente a terminar tareas sin interrumpirlas, más fácil resulta volver al foco cuando nos distraemos. Cada vez que retomamos la atención, estamos entrenando nuestra fuerza mental", explica Gloria Calderón.
Este entrenamiento no implica exigirse más, sino crear condiciones que faciliten el enfoque y reduzcan el desgaste cognitivo.
Energía mental: la base de la atención
Uno de los factores clave para mantener la concentración es la energía mental. "Sin energía no hay atención posible. El cansancio, la falta de descanso, la sobreestimulación o intentar hacer demasiadas cosas a la vez reducen drásticamente la capacidad de concentrarnos", advierte la especialista.
Cuidar el sueño, hacer pausas y evitar la multitarea constante son hábitos esenciales para preservar esa energía y sostener el rendimiento cognitivo a lo largo del día.
Ordenar el pensamiento para reducir la saturación
El exceso de información es otro de los grandes enemigos de la concentración. "Cuando todo parece importante, la mente se satura. Simplificar, decidir qué es relevante y dejar fuera lo accesorio ayuda a mantener el foco y reduce la sensación de agobio", señala Gloria Calderón.
Aprender a filtrar estímulos, estructurar las tareas y trabajar con objetivos claros permite que la atención no se disperse constantemente.
Hacer una cosa cada vez marca la diferencia
Prestar atención plena a lo que se está haciendo en cada momento es una de las estrategias más eficaces para mejorar la concentración. "Tener claro qué estás haciendo y por qué lo haces reduce las distracciones internas. Priorizar y realizar una sola tarea cada vez no solo mejora la atención, sino también la calidad del trabajo", explica la psicóloga.
Concentrarse también es una forma de autocuidado
Las dificultades de concentración no son un fallo personal, sino una señal de cómo vivimos y trabajamos. Aprender a enfocarse implica revisar hábitos, ritmos y expectativas, y entender que cuidar la mente es tan importante como cuidar el cuerpo.
"La concentración no se recupera forzándola, sino cuidando las condiciones que la hacen posible", concluye Gloria Calderón.



